Las rosas se ponen en un jarrón con agua. Se dejan ahí secar. Y con los demás se hace como una infusión, es decir, se mezclan todos los ingredientes. Una vez hecho todo esto, se pone esa infusión en un frasquito de plástico y se rocía un poquito las esquinas de la casa y el suelo. A continuación, se enciende el incienso y se quema, llevándolo por la casa.
Habrá que esperar a tirar las flores a que se hayan secado. Así concluiría este ritual. Si se hace con mucha fe, notaréis un cambio pronto. Se debe hacer una vez al mes hasta que veas que todo vuelva a estar correctamente, como vosotros deseéis.
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